Nuestra Tesis de Investigación Grupal

El núcleo de investigación de Mediarte:

La obra de arte no es el resultado necesario y fatal de los elementos determinados de cada período histórico. No es una fiel transcripción de la realidad histórica y que por tanto la condiciona por completo. Aun reconociendo que el contexto (los elementos sociales, los factores económicos, las tendencias políticas, las confesiones religiosas) ejerce gran influencia sobre la producción artística, ésta no se explica sólo refiriendo las obras a estas instancias. En este sentido la historicidad de toda obra de arte no debe considerarse como mera expresión de procesos como la evolución de la sociedad y del trabajo, el intercambio entre sociedad y naturaleza, la génesis de los cinco sentidos en su camino de desarrollo y perfeccionamiento, etc. Hay obras de arte que han colaborado en constituir el tiempo histórico mismo como tiempo de sentido. No hay posibilidad de que el arte exprese una época sin hacer que la época misma se revele también como hechura artística. El arte no sólo expresa el tiempo, el arte da tiempo, crea valor y significación. En este contexto tiene un carácter meta o supra histórico y que nosotros hemos categorizado como estético-ontológico.

El arte es el lugar de mayor concentración de sentido de una época histórica así como también es quien puede lanzar a esta historia más allá de sí misma.
Nos preguntamos en este contexto ¿Cómo juzgar una obra de arte o un hecho cultural de cualquier tipo sin verificar la adecuación de esta obra con su contexto semántico predominante y más generalizado? El tema central que guía todas nuestras investigaciones dando unidad sistemática a nuestro grupo de estudio es dar a conocer el lugar que ocupa el arte en la promoción de renovadas significaciones para la vida de las multitudes. En especial esto es importante en la actual coyuntura del arte y de nuestra propia cultura, latinoamericana y argentina, signada por los lenguajes audiovisuales, es decir, altamente comprometidos con la tecnología y la lógica de la comunicación.

 

Nuestro marco teórico:

La teoría que enmarca nuestra investigación es la estética-ontológica. Una genealogía del proceso de conformación de la misma puede servir para dar con la clave de comprensión de la investigación que nos hemos propuesto desde hace más de quince años.
La reflexión en torno del arte tienen por supuesto una larga historia pero la referencia a una estética ontológica es más reciente. La estética en general llega a un momento sistemático como disciplina científico-filosófica en la modernidad, concretamente inaugura este ciclo la Crítica del Juicio de Kant. Desde este momento nos encontramos con una importancia creciente de la reflexión estética, acompañada por la crítica filológica, literaria, arqueológic e historiográfica. En esta línea y recuperando todos los descubrimientos de estas otras disciplinas, se encuentran pensamientos como el de Goethe y Herder, obras estrictamente estéticas como las de Schiller, que culminan en las dos grandes cabezas del idealismo alemán que darán a luz obras de una riqueza paradigmática: La Estética de Hegel y La filosofía del arte de Schelling. Lo importante de estas culminaciones teóricas es que, en ambos casos, el arte cumple una función ontológica, que vincula la obra no sólo con la belleza sino con la verdad y el ser en general. Igualmente no dejan de estar sumergidas estas teorizaciones en el mundo del simbolismo metafísico-cristiano que se da en su forma final y más acabada en el arte romántico -suelo y límite desde donde estos pensadores maduran sus reflexiones.

Esta cumbre se diluye luego con las reflexiones neokantianas, analíticas e incluso marxistas que ven en el arte una instancia expresiva y por tanto no productiva de los órdenes sociales, políticos, económicos, epistemológicos, mítico-religiosos, etc. Sólo tardíamente va a volver una insistencia sobre la dimensión ontológica del arte. Propiamente esto viene por medio de la influencia de pensadores posthegelianos como Hölderlin, Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche, y que darán su fruto maduro en la obra de Martín Heidegger. Con Heidegger entonces se dan nuevas posibilidades para una fundamentación ontológica y a su vez posmetafísica del arte. A la estética contemporánea se sumará luego la escuela francesa: Derrida, Deleuze, Lyotard; e italiana: Pareyson, Váttimo, Eco, etc. Sin embargo no darán a luz estos pensadores una reflexión sistemática y completa de la historia del arte occidental desde un método completamente esclarecido.

En nuestro país, la escuela alemana, francesa e italiana y en especial el interés por el aspecto ontológico del arte va a tener resonancias en la obra de Luis Guerrero (Estética operatoria). Aquí comienza una reflexión estético-ontológica de estilo académico en donde se privilegian las categorías fundamentales acuñadas por la ontología de M. Heidegger. Después de Guerrero sólo encontramos una reflexión estético-ontológica sistemática profunda y creativa en la obra de Edgardo Albizu (Verdades del arte). Lo importante aquí es su renovada reflexión sobre la temporalidad inherente a la obra artística que avanza por sobre los descubrimientos realizados por Hegel y Heidegger. Finalmente encontramos en las enseñanzas de la Lic. Gabriela Rebok muchos elementos que hacen de puente entre el pensamiento estético-ontológico y la coyuntura actual del arte. Sus análisis de obras artísticas, con intenciones antropológicas, éticas y propiamente estéticas nos han servido de modelo para nuestras investigaciones.

Llegamos así a nuestras propias operaciones sobre este marco conceptual previo, y que aquí sólo vamos a sintetizar. Una serie de afirmaciones nos pueden servir para comprender los actuales alcances de esta teoría y sus objetos más inmediatos. En primer lugar nuestros estudios tienen a la cultura como fuente para acceder al acontecimiento de ser en el sentido en general y al arte como lugar privilegiado de concentración y emergencia exploratoria de estos significantes. Esto es así porque creemos, justamente, que es el arte el que prioritariamente produce sentido y ser y con ello se convierte en el gran dinamizador de la cultura. Por esta razón es que podemos determinar mejor nuestro objeto si lo referimos explícitamente a las cuatro regiones ontológicas a las que la teoría está capacitada para abordar:

  • - Lo Sagrado: La exégesis del Dios o los dioses, lo máximamente trascendente, etc. Con independencia de la teología, la hermenéutica religiosa, la mitología, la arqueología, etc.

  • - La Naturaleza: El orden físico-natural, con independencia de los modelos y métodos de las ciencias naturales. No nos referimos a la belleza natural, sino a una consideración de aspectos físico-naturales sólo accesibles por medio de la experiencia expresiva y productiva del arte y su forma de configurar el mundo natural mismo, es decir su manera específica de conocerlo.

  • - El Hombre: El arte abre un espacio privilegiado para la investigación antropológica, es decir, reflexiones que sirvan para que el hombre se conozca a sí mismo en sus determinaciones fundamentales. La experiencia del arte ha explorado de una manera inusual, por introspección expresiva y productiva, la vida íntima de los sujetos y ha creado con su acción diferentes modelos de subjetividad con anterioridad a su manifestación plena, histórico social o filosófico-conceptual.

  • - La Sociedad: el arte también da cuenta de las relaciones entre los hombres en general. Esto dentro del marco doméstico, social, político, económico. Por tal razón también es fuente de expresión y producción social.

La tesis básica que mueve nuestras investigaciones es que el arte no ha sido suficientemente explorado como fuente de revelación de la cultura, ni la cultura misma como lugar de encuentro entre el hombre, la naturaleza y lo sagrado. El arte no sólo constituye el más alto nivel expresivo de un período y una región dada, sino que ella encierra también posibilidades inexploradas para comprender desarrollos históricos posibles. El arte no sólo remite a un pasado o a un presente, sino que promueve un futuro. El arte no sólo expresa un mundo sino que crea mundos. Ahora bien, para que el arte realmente pueda considerarse como fuente ontológica debe considerarse un método que no se constituya desde una comprensión previa del mundo sino que por el contrario haga del arte mismo el protagonista de una forma de apertura al mundo a investigar. En este sentido es probable que nuestra mirada sobre la historia universal, en especial de Occidente, se vea en disputa con exégesis economicistas, sociológicas, propiamente historiográficas o estrictamente ontológicas –no estéticas. Esto no quiere decir que nuestra tarea no sea altamente multidisciplinar sólo que la síntesis interdisciplinar se hace desde un marco teórico estético-ontológico, es decir que privilegia la dimensión poético-productiva de los lenguajes y las pragmáticas. La justificación más sencilla de este abordaje del arte como fuente productiva de la historia y con ello del sentido del ser tiene al menos tres connotaciones:

  1. El arte es un lugar de surgencia de la historia y por tanto promotora de la misma.
  2. El arte es una fuente, una reserva de hechos y significaciones al que siempre hay que volver para comprender el sentido de una historia.
  3. El arte promueve formas de autoconciencia macro y micro narrativa, es decir vinculada a sujetos individuales y colectivos.

Creemos que los tres momentos son importantes aunque en el primer caso se deja ver una instancia que nos da, estratégicamente, una herramienta de mayor peso para la orientación de nuestro mundo contemporáneo. Esto, en primer lugar, porque sólo desde nuestro actual estado de cosas puede realizarse un relevamiento del pasado (círculo hermenéutico). En este sentido creemos estar más capacitados que otros (politicología, sociología, psicología, economía, filosofía, etc.) para situarnos en el presente ya que el arte es, cronotópicamente hablando, el que instala más inmediatamente en una comprensión del estatus ontológico de una época y sus posibilidades. Esto se refuerza por el hecho de que el arte es productivo desde el punto de vista simbólico y material y por tal razón, un lugar privilegiado para la creación de riqueza. En este punto, nuestro método se enfrenta polémicamente a todos los sistemas que han querido decir algo respecto de la creación de valor en general (tanto sea valor de cambio, de uso o de signo).

Llegamos así a nuestra hipótesis de trabajo grupal fundamental: La obra de arte como sistema de significación supone una relación conflictiva con el sistema significativo más generalizado y predominante de una época y por tal motivo se comporta como un sistema autónomo emergente, promotor y dinamizador de esta misma historia, capaz de llevarla incluso (y en especial en determinados contextos de agotamiento semántico) más allá de las posibilidades previstas por la época.